
Probablemente lo habrás visto escrito de distintas maneras: Saasgeddon, SaaScalipsis o SaaSpocalipsis en español, SaaSpocalypse o SaaSmaggedon en medios ingleses. Sea como sea, en los últimos meses, los temores a que la industria del software as a service se esté enfrentado a un proceso extintivo a raíz de la popularización de las herramientas de inteligencia artificial y la llegada de los agentes autónomos se han vuelto cada vez más comunes entre las conversaciones de los profesionales de todo el mundo.
Pero… ¿qué hay de cierto en todo esto?¿Qué opinan los grandes gurús del sector?¿Qué nos dicen los datos? ¿Estamos ante el fin del software o ante una necesaria selección natural?
Intentemos poner un poco (un poquito, nada más) de orden en el frenesí y analizar algunas de las claves más llamativas de este campo en los últimos meses.
Hacia un nuevo horizonte para el SaaS: darwinismo y código
Durante más de una década, el mercado del Software as a Service (SaaS) ha vivido una expansión brutal. Las razones pueden ser múltiples, desde la entrada masiva de capital barato, la mayor facilidad técnica para crear herramientas especializadas y la promesa de un crecimiento acelerado que parecía no tener fin. Al final el contexto parecía el propicio para cualquier aventura en este sentido: lanzar una nueva aplicación parecía una apuesta inteligente para crecer y conseguir inversión. Solo tienes que echar un ojo a listados de hace un par de años de grandes rondas de financiación y adquisiciones de empresas por parte de gigantes para ver que todo parecía seguir esa tónica.
Ese ciclo ha terminado. Un informe de Crunchbase acaba de mostrar que no se espera que haya, ninguna ronda de inversión de SaaS en el horizonte cercano.
En el último año y medio, o quizá dos años, el sector ha entrado en una nueva fase que muchos analistas han bautizado como SaaSgeddon o SaaSpocalipsis, aunque si eres un friki de las ciencias como yo quizá prefieras denominarlo SaaSvolución darwiniana. Un intensa selección natural dentro del mercado del software en la que solo los más adaptados sobreviven.
Seguro que conoces las ideas de Darwin sobre la evolución, y cómo fue elaborando su teoría acerca de cómo las condiciones del entorno generan distintos desarrollos en las especies que en él viven. Aquí, las presiones tecnológicas, económicas y organizativas están eliminando soluciones débiles y favoreciendo la supervivencia de aquellas plataformas capaces de generar valor real y sostenible.
Como en cualquier ecosistema complejo, no todas las especies sobreviven. Y las más fuertes, se adaptan… y evolucionan
O eso creo 😉
La presión evolutiva
Partamos de ese boom de la última década, algo así como una explosión cámbrica del SaaS, en la que vimos una proliferación sin precedentes de herramientas especializadas de todo tipo y pelaje. Cada nuevo problema, por pequeño que fuera, parecía justificar la creación de una aplicación independiente. Nosotros mismos, en Marketing4eCommerce, veíamos como trimestre a trimestre, el número de herramientas que utilizábamos para todo, desde la redacción a procesos comerciales o administrativos, iba creciendo.
De hecho, en muchas organizaciones medianas y grandes no es extraño encontrar decenas o incluso cientos de aplicaciones SaaS activas, múltiples herramientas con funciones solapadas, integraciones frágiles entre sistemas y, claro, costes recurrentes difíciles de justificar.
Si además, descubres que las nuevas IA son capaces de hacer lo que antes hacías con varias de estas herramientas, era lógico que en algún momento esa explosión terminase, los clientes reordenasen sus expectativas y que incluso racionalizasen el número de herramientas que utilizan por mera salud mental, organizativa… y financiera.
“Los LLM han acabado con el software de bajo coste”
Un indicador de este cambio nos llegó hace poco de la mano de Noah Kagan, CEO del popular marketplace de herramientas AppSumo. En una publicación en LinkedIn, Kagan señaló que los ingresos de la plataforma han caído aproximadamente un 50% en los últimos dos años. Históricamente, AppSumo había funcionado como un termómetro del entusiasmo por nuevas herramientas de productividad, especialmente en el ecosistema de startups y creadores digitales.
El CEO de Appsumo lo achaca claramente al impacto de la IA, que ha pulverizado los márgenes de beneficio (del 90% al 10%) y ha hecho que el software de bajo valor pierda sentido frente a herramientas como ChatGPT. El modelo tradicional de ofertas de por vida tampoco pasa por su mejor momento, ya que la facilidad para crear y cerrar empresas de software hoy en día genera desconfianza y una percepción negativa de la marca cuando los productos dejan de funcionar.
Para sobrevivir, la estrategia de Appsumo está pivotando de vender herramientas a vender resultados y servicios, explorando nuevos modelos de monetización como suscripciones.
En sus propias palabras, “Ahora es más fácil abandonar cualquier herramienta. Puedes crear un producto de software en minutos y dejarlo en segundos. Hace unos años, tenías que ser serio para poner un producto en línea. Nadie quiere software, quiere resultados. Los LLM se han vuelto tan buenos que puedes obtener consejos de SEO, consejos financieros… todo al instante. No se necesita una configuración compleja. Los LLM han acabado con el software de bajo coste. No necesitas suscripciones mensuales para cosas como publicaciones de blog cuando ChatGPT te ayuda a conseguir el 90%”
En este contexto, el mercado está empezando a distinguir entre herramientas interesantes y herramientas verdaderamente indispensables.
La competencia ecológica: SaaS-In, SaaS-Out
En un ecosistema natural, cuando un nicho ecológico ya está ocupado, una nueva especie solo puede prosperar si consigue desplazar a otra o adaptarse mejor a los recursos disponibles. No basta con existir: debe competir por espacio, energía y supervivencia. Algo muy similar empieza a ocurrir en los ecosistemas tecnológicos de las empresas.
Hace poco leí en un artículo de TechCrunch sobre el concepto de SaaS-In, SaaS-Out. Algo que podría traducirse como “antes de entrar, dejar salir” o “las gallinas que entran por las que salen” y que muestra como muchas empresas están adoptando un hábito bastante sano a nivel de ecología softwaril. En lugar de añadir herramientas de forma acumulativa, como hacíamos antes, la incorporación de un nuevo proveedor tecnológico suele implicar la eliminación de otro.
Es decir, menos experimentación, más optimización del stack existente en la empresa.
Como consecuencia, la competencia entre productos SaaS ha cambiado radicalmente. Hace años muchas startups competían contra procesos manuales o software obsoleto. Hoy compiten contra multitud de herramientas similares o contra gigantes del software que han integrado las funciones de nicho que antes las hacían necesarias.
Y claro, a esto hay que añadirle la revolución de la IA y la llegada de la era agéntica.
Tal y como explica en ese reportaje Lex Zhao, inversor de One Way Ventures, “Las barreras de entrada para la creación de software son tan bajas ahora gracias a los agentes de codificación, que la decisión de construir versus comprar está cambiando hacia construir en muchos casos”.
Herramientas como Claude Code o Codex de OpenAI están poniendo el sector boca abajo, replicando las funciones de muchas herramientas previas, todo ello adaptándose como un guante al contexto y las necesidades de cada empresa. Pero es que, además, la aparición de los agentes (aunque todavía esté en una fase muy temprana de su proceso de adopción) supone una amenaza increíble para los SaaS, que en muchos casos parten de pricings en los que se fijan distintas tarifas en función del número de empleados que utilizan la herramienta. De esta forma, incluso en el caso de que la empresa no sustituya el software, sino que destine a un agente a utilizarlo, ese número de empleados-usuarios se reduce a la mínima expresión.
Y, claro, eso compromete el modelo de negocio del SaaS.
Mutaciones tecnológicas, IA generativa y el auge del vibe coding
Pero me temo que no hemos acabado todavía con las amenazas al SaaS como modelo de negocio.
Los avances en modelos de lenguaje y herramientas de desarrollo asistido están evolucionando tantísimo que algunas plataformas emergentes están demostrando hasta qué punto el desarrollo de aplicaciones puede acelerarse mediante lenguaje natural y automatización.
Uno de los ejemplos más populares últimamente es la empresa sueca Lovable (de la que doy fe que está enamorado nuestro director Rubén Bastón), una plataforma que permite generar aplicaciones mediante instrucciones conversacionales y que está alcanzando niveles de crecimiento increíbles. ¿Quieres una muestra de ese crecimiento?
- Su facturación anual recurrente pasó de $300 a $400 millones de dólares en tan solo un mes.
- Estiman superar los $1,000 millones de dólares para finales de 2026.
- Tras una ronda de inversión en diciembre de 2025, la empresa alcanzó una valoración de $6,600 millones de dólares
La clave de su éxito es el concepto de vibe coding, que permite a personas sin conocimientos técnicos crear aplicaciones complejas usando lenguaje natural. En base a esta facilidad para crear, Lovable ya cuenta con más de 15 millones de usuarios activos diarios y cada día se crean 200.000 nuevos proyectos de software en su plataforma.
Este fenómeno introduce una nueva variable evolutiva en el ecosistema SaaS: si una empresa puede crear internamente herramientas o aplicaciones sencillas de forma rápida, muchas aplicaciones independientes que resolvían problemas muy específicos pierden parte de su justificación económica.
¿Hacia una nueva especie dominante?
En todo proceso evolutivo puede surgir una nueva especie dominante. Si el SaaS (Software-as-a-Service) nos alquilaba las herramientas para que nosotros hiciéramos el trabajo, el nuevo paradigma que emerge de estas cenizas es el SaS: Service-as-Software. En este modelo, el valor ya no reside en la interfaz que el usuario opera, sino en el resultado final que la IA entrega.
Como señala un informe de Foundation Capital, estamos ante una oportunidad de mercado de 4,6 billones (con ‘b’) de dólares; una cifra que no sale solo del gasto en software, sino de absorber directamente el coste del trabajo humano en áreas como ventas, marketing o finanzas.
No tan rápido
Venga, vamos a echar un poquito el freno a toda esta efusividad sobre la IA. Lo cierto es que el valor de una plataforma SaaS empresarial rara vez reside únicamente en su código. Las soluciones consolidadas proporcionan elementos mucho más difíciles de replicar como un infraestructura escalable, integraciones con múltiples sistemas, cumplimiento a nivel de seguridad y, bueno, también soporte y mantenimiento a largo plazo.
Es decir, en este contexto, la inteligencia artificial no elimina el SaaS pero eleva mucho el umbral mínimo de valor necesario para que una herramienta merezca existir como producto independiente.
De hecho, hay más voces que acusan de alarmistas a los profetas del SaaScalipsis.
La respuesta de los gigantes del software
Frente a los temores alrededor de una hecatombe para el sector, los grandes proveedores de software empresarial no se han quedado callados.
Larry Ellison, cofundador de Oracle y amiguísimo de Donald Trump, ha sido especialmente contundente al abordar la narrativa del SaaSgeddon. En múltiples intervenciones públicas ha defendido que la inteligencia artificial no representa una amenaza existencial para las grandes plataformas empresariales, sino más bien un acelerador de su capacidad tecnológica. Según Ellison, la complejidad de los sistemas que gestionan sectores críticos, como banca, salud o administración pública, crea barreras que las soluciones emergentes difícilmente pueden superar.
Una visión similar ha expresado Marc Benioff, CEO de Salesforce, quien ha transformado el temor al SaaSgeddon en una oportunidad narrativa. Benioff ha llegado a describir el futuro del software empresarial como una especie de “SaaS-quatch” (un juego de palabras con el nombre de la criatura también conocida como Big Foot), una evolución del SaaS tradicional impulsada por agentes autónomos de inteligencia artificial que amplían las capacidades del software existente en lugar de reemplazarlo.
Por su parte, Aneel Bhusri, cofundador de Workday, ha ofrecido un argumento pragmático que ilustra bien la situación actual: incluso las empresas que lideran la revolución de la inteligencia artificial, incluyendo algunas de las startups más influyentes del sector, continúan utilizando software empresarial tradicional para gestionar procesos críticos como nóminas, contabilidad o recursos humanos.
El desfase entre el entusiasmo por la IA y su adopción real
Otra voz en este sentido proviene, sorprendentemente, de uno de los líderes de la industria de la inteligencia artificial. Brad Lightcap, COO de OpenAI, ha señalado recientemente que, a pesar del entusiasmo global por la IA generativa, su integración profunda en los procesos empresariales estructurales aún es limitada.
Así, explica que la inteligencia artificial se utiliza ampliamente en tareas como la generación de contenido, el análisis de información, el soporte a cliente y, sí, también la asistencia en programación, pero muchos procesos críticos siguen funcionando dentro de arquitecturas de software tradicionales. El propio Lightcap afirmó que OpenAI utilizaba Slack. Integrar la IA en sistemas empresariales complejos implica retos técnicos, organizativos y regulatorios que no se resuelven de forma inmediata.
En cualquier caso, este desfase entre expectativa tecnológica y adopción real contribuye a la sensación de incertidumbre que atraviesa actualmente el mercado SaaS.
Ya ves que tiene toda la pinta de que el SaaS no está desapareciendo. Está evolucionando. Y como en toda evolución, el ecosistema será más pequeño, más fuerte y mucho más competitivo.
Imagen: Gemini
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