El Barcelona Fashion Summit 2026 ha vuelto a reunir a buena parte del ecosistema de la moda para analizar un contexto marcado por la incertidumbre global, la geopolítica, la inteligencia artificial y la presión sobre los márgenes. Modaes, el diario especializado en moda fue el impulsor del encuentro, siendo capaz de reunir al sector y elevar el debate en un momento especialmente complejo.
La sensación general es similar a la de otros congresos del sector: el diagnóstico es compartido, sólido y bien argumentado, pero cuesta aún bajar ese análisis a ideas realmente accionables que ayuden al sector a dar un salto cualitativo. Se sigue hablando mucho de riesgos, de escenarios y de resiliencia, pero menos de cómo transformar de forma tangible el negocio en el corto y medio plazo.
El evento en el Palau de la Música, contó con la presencia de speakers de grandes marcas como Desigual, Mango, Nude Project, Zalando, Asos, Adolfo Domínguez e incluso con la presencia de la diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada.
Cuando el diagnóstico baja a negocio: producto, foco y decisiones
En ese cruce de caminos, algunas intervenciones sí lograron ir un paso más allá del diagnóstico y dejar aprendizajes accionables para el negocio. La conversación con Toni Ruiz, presidente de consejo de Mango) puso el foco en algo que, paradójicamente, sigue faltando en muchas compañías: “Nunca dedicamos suficiente tiempo a pensar en el futuro”. No desde la predicción, sino desde la preparación, defendió el consejero delegado de Mango, insistiendo en la necesidad de combinar ambición, producto y foco estratégico.
Por supuesto, se habló de la inteligencia artificial. Sin embargo, no apareció como un discurso aspiracional, sino como una realidad organizativa muy concreta: “Las personas con IA van a sustituir a personas sin IA”. En Mango, esa integración ya se está trabajando de forma tangible en ámbitos como la experiencia de cliente, el copiloto creativo para los equipos de diseño y el uso de IA generativa aplicada a imagen y contenidos, siempre al servicio del producto y de la propuesta de valor.
Y precisamente uno de los puntos de inflexión señalados por McKinsey & Company fue la figura del AI shopper, no como una tendencia futura, sino como una señal clara de que la industria necesita ganar velocidad para adaptarse a cómo hoy se descubre, se decide y se compra moda. Desde McKinsey se puso así contexto a esta aceleración tecnológica, explicando por qué la moda compite cada vez más por relevancia que por volumen: una parte creciente del gasto del consumidor se está desplazando hacia viajes y bienestar, obligando a las marcas a elevar valor, deseo y significado si quieren seguir siendo elegidas.
En paralelo, desde una mirada operativa, el consenso fue claro: el momento exige menos perfeccionismo y más velocidad.
José Antonio Ramos, consejero delegado de Asos, subrayó la toma de decisiones ágiles y el asumir responsabilidad como ventaja competitiva. No se trata tanto de acertar siempre como de avanzar y corregir. De esta manera, lo digital aparece como el gran habilitador: el canal que permite ganar velocidad hoy para, solo después, poder escalar volumen.

Operar bajo presión: geopolítica, margen y sostenibilidad
Los conflictos arancelarios sobrevolaron, inevitablemente, todo el encuentro. En los primeros treinta minutos, el nombre de Trump apareció varias veces, reflejando hasta qué punto los aranceles y las tensiones comerciales condicionan hoy cualquier conversación estratégica en el sector y añaden presión directa sobre los márgenes.
En ese contexto, la mesa sobre los retos para los equipos de operaciones fue una de las más ricas del congreso, precisamente porque desmontó la idea simplista de que se trata del eslabón más débil de la cadena: “Las operaciones no son el eslabón más débil de la moda: son donde se concentra toda la presión del sistema” mencionó Carmen Marín, fundadora de Twinco Capital.
El debate sobre producción puso sobre la mesa una realidad incómoda pero ampliamente compartida: China ya no es solo una cuestión de costes, sino un player altamente desarrollado en capacidad industrial, tecnología y velocidad, difícil de replicar en el corto plazo. Frente a ello, el nearshoring (producir en los países cercanos al mercado de consumo final) no se plantea como un sustituto total, sino como un complemento estratégico dentro de modelos de hubs híbridos.
Desde ahí, la sostenibilidad se trató con un enfoque más práctico. La regulación del reciclaje textil apareció como una oportunidad industrial para Europa, y la reindustrialización dejó de leerse desde la nostalgia para entenderse como una palanca competitiva ligada a tecnología y cadenas de suministro más flexibles. La globalización no tiene marcha atrás, pero sí puede redefinirse.
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Lo que el cruce de caminos exige en digital
La inteligencia artificial acaparó gran parte del protagonismo (con razón), pero el debate quedó más limitado al analizar la evolución del canal digital más allá del eCommerce tradicional.
Sorprendentemente, hubo pocas referencias al crecimiento del social commerce, al papel de los creadores como nuevos retailers o a cómo estas dinámicas están transformando la relación entre marca, contenido y conversión. Una ausencia relevante en un momento en el que lo digital ya no va solo de vender online, sino de convertirse en una palanca de agilidad dado que permite ganar velocidad, generar datos para tomar decisiones y proteger márgenes.
Aun así, sí aparecieron algunas ideas que apuntaban en esa dirección, aunque no se formularan explícitamente como debate digital. Javier Vello, Head of EY Studio, lanzó una de las reflexiones más reveladoras del foro al señalar que hoy ya no se trata de cuántas tiendas tiene una marca, sino de en cuántas conversaciones está presente, una idea que conecta directamente con el discovery digital, el contenido y el papel creciente de los creadores en la relación con el consumidor. En esa misma línea, Eloisa Siclari, Directora general de Zalando en España; aportó una visión especialmente interesante sobre cómo lo digital impacta de forma directa en operaciones y márgenes: más que correr, la clave está en ganar precisión, utilizando los datos para decidir mejor dónde, cuándo y cuánto stock mover, anticipando la demanda y reduciendo ineficiencias.
Dos miradas distintas que refuerzan una misma conclusión: el negocio digital ya no es solo un canal de ventas, sino una palanca transversal de velocidad, decisión y rentabilidad.
En definitiva, el Barcelona Fashion Summit deja una idea clara: el sector ya entiende el terreno que pisa. El mapa está sobre la mesa. La verdadera diferencia la marcarán ahora las marcas capaces de decidir, moverse y construir algo relevante mientras todo sigue temblando.
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