
Gloria Cubianas, cofundadora de Hemper, relata en nuestro con honestidad y sin dramatismos el complejo trayecto de su marca de moda sostenible, desde su expansión hasta su cierre. A través de su experiencia, emergen valiosas lecciones sobre los riesgos del emprendimiento, el desgaste emocional que puede conllevar y la importancia de repensar el fracaso desde una óptica más constructiva.
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La entrevista
Cuando fundaron Hemper, Gloria y su equipo apostaron por una propuesta con propósito: una marca textil con producción artesanal en Nepal y fuerte componente social. En sus primeros años, la compañía creció apoyada en el eCommerce y logró beneficios antes de entrar en la espiral de la financiación. El punto de inflexión llegó en 2018 con un endeudamiento bancario de 300.000 euros. Según cuenta Gloria, esa deuda condicionó todo lo que vino después: “compramos mal” —en referencia a decisiones logísticas equivocadas— y desde entonces fue necesario crecer a un ritmo acelerado para cubrir los compromisos financieros.
La empresa levantó una ronda de más de 700.000 euros con la intención de escalar canales de venta y expandirse internacionalmente. Sin embargo, como reconoce la propia Gloria, no estaban suficientemente preparados para asumir la presión del crecimiento que implicaba esa inversión. La complejidad de su cadena de producción y las propias limitaciones del equipo dificultaron ese salto. “El ritmo que nos exigía la ronda no era compatible con la naturaleza del proyecto”, afirma.
Además de factores internos, Hemper también se vio afectada por cambios externos: la transformación del mercado post-pandemia, con un consumidor que priorizaba experiencias sobre productos, un aumento exponencial de competidores que usaban el sello “sostenible” y un cambio estético en las tendencias de moda. El modelo pijipi que inspiró la marca perdió tracción frente a una estética más urbana, y la empresa no logró adaptarse con suficiente agilidad.
En el camino, la marca llegó a tener entre 15 y 20 personas en plantilla y rozó el millón de euros en facturación. Pero mantener esa estructura sin los ingresos esperados generó pérdidas sostenidas. Se intentaron diferentes vías, como abrir una tienda en Madrid y crear una submarca de merchandising para empresas, pero ninguna consiguió revertir la situación.
La tensión financiera y la presión operativa acabaron por erosionar también las relaciones internas. La salida de uno de los socios fundadores marcó un punto crítico. “Teníamos bicefalia en la gestión, lo que generó fricciones estratégicas y llevó al consejo a exigir una única cabeza visible”, recuerda.
Finalmente, la empresa entró en concurso de acreedores, y aunque el proceso fue largo y costoso —más de un año desde la decisión hasta la resolución final—, permitió proteger legalmente a Cubianas y al resto de implicados. La marca fue subastada y adquirida por un grupo que planea continuar con ella. Gloria celebra que Hemper pueda tener una segunda vida, aunque en otros términos.
En su reflexión final, Cubianas plantea una crítica al ecosistema emprendedor: la glorificación del éxito y el silencio ante el fracaso. “Se habla mucho del inicio de los proyectos, pero muy poco de los cierres. Y ahí también hay aprendizaje”, subraya. Reivindica la necesidad de espacios seguros para compartir esas experiencias y reconoce que cerrar Hemper ha sido doloroso, pero también liberador.
Ahora, su plan pasa por compartir todo lo aprendido: está escribiendo un libro y quiere abrir espacios de conversación sobre la otra cara del emprendimiento. “Cerrar una empresa no es fracasar, es evolucionar”, concluye. Su relato, lejos de la épica del éxito, pone en valor la vulnerabilidad, la resiliencia y la madurez de saber parar a tiempo.
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La entrada Fail Study: Analizamos qué salió mal en el proyecto de Hemper con su fundadora, Gloria Gubianas se publicó primero en Marketing4eCommerce.