
Ah, ¡la Navidad! Tiempo de celebración, de encuentros familiares, regalos, decoración hortera… y bulos, muchos bulos. De hecho, este artículo nace para eso precisamente: ayudarte con uno de los bulos que seguro que vas a oír de la boca de alguno de tus tíos/primos/cuñados en general durante los próximos días: Facebook lee tus mensajes, Whatsapp oye los audios que le envías a tus amigos y con todo ello, gana dinero mostrándote anuncios personalizados. Ah, y por supuesto, si quieres evitarlo, tienes que publicar un mensaje supuestamente legal y legítimo en el que le cantas las cuarenta al pesado de Zuckerberg.
Pues todo esto es falso. Todo. Simples bulos.
Ahora te cuento por qué.
Qué cambia en la privacidad de Meta
Desde hace semanas, una oleada de notificaciones, publicaciones y vídeos en Instagram y Facebook ha encendido las alarmas en redes sociales y grupos de WhatsApp. El 16 de diciembre de 2025 se ha presentado, para muchos, como una fecha simbólica: el día en que Meta empezaría a “leer nuestros mensajes”. Sin embargo, entre los cambios reales y el alarmismo viral, la realidad es bastante más… digamos… matizada, especialmente para quienes vivimos en la Unión Europea.
La realidad es bastante más aburrida
El principal cambio que Meta ha puesto en marcha no tiene que ver con los mensajes privados entre personas, sino con la relación de los usuarios con su asistente de inteligencia artificial, Meta AI. A partir de ahora, las conversaciones que los usuarios mantienen voluntariamente con este chatbot (ya sabes, la burbujita azul que ves en sus apps) pueden utilizarse como señales para inferir intereses comerciales y personalizar la publicidad que se muestra en plataformas como Facebook o Instagram. Es decir (y ojo, porque esto es lo más relevante), si alguien utiliza Meta AI para pedir recomendaciones de viajes, consejos de cocina o ideas para practicar senderismo, esos temas pueden reflejarse posteriormente en anuncios relacionados.
Las conversaciones con Meta AI, no las conversaciones con tu abuela Paqui.
Meta explicó este cambio allá por el mes de octubre, y en su comunicado aseguraba que este uso tiene límites claros. Por ejemplo, la compañía afirma que no empleará temas sensibles —como salud, religión, orientación sexual o ideología política— para la segmentación publicitaria. Aun así, conviene introducir un matiz importante: que estos temas no se utilicen para mostrar anuncios no implica necesariamente que las conversaciones no puedan almacenarse o procesarse para otros fines técnicos, como el funcionamiento o la mejora del sistema.

Si estás leyendo esto en España, puedes olvidarte de las novedades (por ahora)
Ahora bien, este cambio global no se aplica de la misma forma en todos los territorios. En la Unión Europea, y por tanto en España, la normativa de protección de datos introduce una capa adicional de control. El Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) exige un consentimiento más claro, específico y explícito para ciertos usos de la información personal, algo que Meta aún está negociando con los reguladores europeos.
Por ese motivo, muchas de las funciones de entrenamiento y personalización basadas en conversaciones con IA están, por ahora, pausadas o limitadas en territorio europeo. En la práctica, esto significa que el impacto publicitario de esta nueva política es hoy mínimo o inexistente para los usuarios en España, aunque podría cambiar en el futuro si Meta adapta sus sistemas a las exigencias legales del RGPD. Y si lo hace, lo hará con mucho cuidado, dalo por seguro: solo tienes que pensar en la cantidad de multas que el equipo de Zuckerberg ha tenido que pagar históricamente tras resoluciones de los organismos comunitarios.
Un miedo legítimo, pero igualmente falso
Buena parte del ruido generado en torno a esta actualización tiene su origen en un bulo concreto: la idea de que Meta va a empezar a leer los mensajes privados entre amigos, parejas o familiares. Esto es falso. Las conversaciones personales en WhatsApp y los chats privados de Messenger o Instagram siguen protegidos por cifrado de extremo a extremo, lo que significa que ni siquiera la propia Meta puede acceder a su contenido. La única excepción se produce cuando el usuario decide, de forma explícita, interactuar con Meta AI dentro de un chat, por ejemplo mencionando al bot en una conversación de grupo. En ese caso, la IA solo “ve” y procesa esa interacción concreta para poder responder, mientras que el resto del historial del chat sigue siendo inaccesible.
En este contexto, la proliferación de bulos se explica por una combinación de factores. Por un lado, las políticas de privacidad (aquí puedes consultar, si tienes ganas y tiempo, la de Meta) suelen estar redactadas en un lenguaje jurídico y técnico que no siempre distingue con claridad entre datos del perfil del usuario e interacciones específicas con una herramienta de IA.
Por otro, existe un miedo generalizado a la inteligencia artificial, alimentado por la falsa idea de que estos sistemas escuchan o registran todo de forma permanente. Algo, que por cierto, es un bulo que corre por las redes desde hace años, mucho antes de que OpenAI lanzase su primer GPT, y que resucita cada cierto tiempo. Hace apenas unos meses, de hecho, Adam Mosseri, CEO de Instagram, tuvo que intervenir para aclarar que “No te escuchamos. No usamos el micrófono del teléfono para espiarte”, uno de los grandes rumores sobre Meta que llevan años circulando a nivel mundial.
En realidad, Meta solo accede al micrófono cuando el usuario activa voluntariamente el modo de voz del chatbot, del mismo modo que ocurre al grabar una nota de audio o realizar una llamada. A todo ello se suma la desconfianza acumulada hacia la empresa tras escándalos pasados, un caldo de cultivo perfecto para que capturas de pantalla sacadas de contexto se viralicen rápidamente.
Pero claro, es que Meta…
Vale, es cierto que Meta no tiene la mejor reputación del mundo en cuanto a cumplimiento de los estándares relativos a la privacidad. Hace poco te hablamos de cómo el mismo Pedro Sánchez había anunciado una ofensiva institucional a raíz de una investigación realizada por un consorcio europeo, que reveló que la compañía de Mark Zuckerberg habría empleado durante casi un año un mecanismo oculto en dispositivos Android capaz de rastrear la actividad web de los usuarios para vincularla posteriormente con su identidad en las redes sociales del grupo. Un “espionaje silencioso”, que habría logrado recopilar datos incluso cuando los ciudadanos utilizaban herramientas de protección como el modo incógnito o redes privadas virtuales (VPN).
Pero ahí ya entramos en el ámbito de lo posible y el WhatIfismo: si Meta incumple la privacidad en lo de escuchar y leer tus conversaciones… lo sabremos dentro de unos años en tribunales.
Resumen rápido para tu cuñado
Hagamos un pequeño resumen para combatir esos bulos: si resides en España no necesitas tomar ninguna medida especial. Tus mensajes privados con otras personas siguen siendo privados y están protegidos tanto por el cifrado como por la legislación europea. El único ámbito en el que podría producirse un cambio en el futuro es en el uso de Meta AI: en otros países, esa conversación concreta con el chatbot ya puede servir para que la empresa infiera intereses comerciales, pero en la Unión Europea este uso está, por ahora, limitado o pendiente de un consentimiento explícito conforme al RGPD.
Como norma general, la recomendación sigue siendo sencilla y no muy distinta de la que ya se aplica a otros servicios digitales: si buscas la máxima privacidad, evita compartir información personal o sensible con un asistente de inteligencia artificial.
Imagen: Gemini
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